El sepulcro olvidado de Jesús |
El “sepulcro olvidado” de Jesús Dr. Fernando D. Saraví Razones para Creer – Argentina Fernando D. Saraví es Diplomado en Teología, Médico y Doctor en Medicina. Profesor de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo, Jefe del Servicio de Densitometría de la Escuela de Medicina Nuclear, y Director de la Escuela Bíblica Jaime Taylor. Es además autor de varios libros y artículos sobre estudio bíblico, sectas y la relación entre la ciencia y la fe. El 26 de febrero de 2007, en una conferencia de prensa celebrada en la ciudad de Nueva York, se anunció la difusión por el Discovery Channel del documental “Jesus’ Lost Tomb” para el siguiente 4 de marzo. En la conferencia de prensa se anunciaron sensacionales revelaciones de importancia incalculable para la fe cristiana. La versión en español está programada para ser difundida el 18 de marzo con el título “El sepulcro olvidado de Jesús”. Los principales responsables del documental son Simcha Jacobovici, James Cameron y Charles Pellegrino. El director es Jacobovici, un judío ortodoxo nacido en Israel pero radicado en Canadá. Ha realizado previamente varios documentales, entre ellos dos sobre temas bíblicos: Uno sobre el éxodo de los israelitas de Egipto y otro sobre una caja que supuestamente contuvo los huesos de Jacobo, el hermano de Jesús. James Cameron es el productor ejecutivo. Es muy famoso por haber dirigido películas de ciencia ficción como Terminator (1984), Aliens (1986), Terminator 2 (1991) y el drama histórico Titanic (1997). En la última década, Cameron se ha dedicado principalmente a dirigir y producir documentales interesantes y costosos sobre exploración submarina. Charles Pellegrino es un escritor, autor entre otros libros del que sirvió como base para la película Titanic. Pellegrino conectó a Jacobovici y Cameron, y junto con el primero ha escrito un libro titulado “Jesus’ Family Tomb” (La tumba de la familia de Jesús)[i]. Oportunamente, el libro fue publicado el 27 de febrero, al día siguiente de la conferencia de prensa. Lleva como subtítulo “El descubrimiento, la investigación y la evidencia que podrían cambiar la historia”. No es sorprendente que esté prologado por Cameron, quien entre otras cosas dice acerca del trabajo de los autores: Su investigación prueba, creo, más allá de toda duda razonable que una tumba judía del siglo I hallada en Talpiot, Jerusalén, en 1980 es la tumba de Jesús y su familia. Lo que es aún más electrizante es lo que la evidencia física del interior de la tumba dice acerca de Jesús, su muerte y sus relaciones con los otros miembros de la familia hallados en el mismo sitio sepulcral[ii]. Para valorar los resultados de la investigación referida, es preciso revisar brevemente las características de los sepulcros de Judea en el primer siglo de nuestra era, lo que el Nuevo Testamento enseña sobre la resurrección de Jesucristo, y los antecedentes del descubrimiento sobre el cual se basan las conclusiones de Jacobovici y Pellegrino. El contexto del documental La sepultura en tiempos de Jesús Entre los israelitas no se practicaba la cremación de cadáveres. Los muertos eran sepultados. Los cadáveres y las tumbas eran considerados impuros, y tornaban impuros a quienes los tocasen; por esta razón se requerían ritos de purificación que están especificados en los libros de Levítico y Números[iii]. En tiempos del Antiguo Testamento, los difuntos eran al parecer vestidos con sus propias ropas y, en el caso de los guerreros, con sus armas[iv]. Las tumbas podían ser simples fosas donde los difuntos eran sepultados directamente en la tierra, sin ataúd. En el caso de personas más importantes, se excavaban sepulcros en la piedra caliza, relativamente blanda, o se acondicionaba una caverna natural. Primitivamente, los cadáveres eran depositados en banquetas, y había una cavidad donde podían depositarse los huesos para hacer espacio[v]. En la época del Nuevo Testamento, las familias ricas se construían tumbas más elaboradas y costosas que en períodos anteriores[vi]. Las tumbas familiares podían acumular decenas de difuntos. Generalmente la sepultura se realizaba en el mismo día de la muerte[vii]. Esto estaba ordenado en la Torah (Pentateuco) en el caso de uno que hubiera sido colgado de un árbol, lo cual en el Nuevo Testamento es aplicado explícitamente a Jesús[viii]. El difunto era envuelto en una mortaja y se vendaban con lienzo los miembros y la cabeza. Las sepulturas se ubicaban fuera de los límites de la ciudad, en lugares asignados o adquiridos para ese propósito. Se han hallado numerosas tumbas al norte, al este y al sur de Jerusalén, pero no al oeste, de donde soplaban los vientos más fuertes[ix]. Las tumbas se blanqueaban con cal como advertencia para evitar contactos impuros accidentales[x]. A partir del siglo III a.C. está documentada la costumbre de colocar los huesos de los cadáveres cuyas partes blandas habían desaparecido en cajas de piedra caliza, con tapa, denominadas osarios[xi]. No obstante, la mayor parte de los osarios hallados provienen de la época de la hegemonía romana, entre 40 a.C. y 70 d.C. Estos recipientes medían de 50 a 75 cm de largo, 30 a 50 cm de ancho y 25 a 40 cm de altura. Algunos eran lisos, mientras que otros poseían adornos más o menos elaborados, como plantas, edificios o rosetas. El borde de la tapa podía ser plano y al ras, redondeado o saliente. Algunos osarios tienen inscripciones en hebreo, arameo o griego, generalmente indicando las personas cuyos huesos contienen[xii]. Las tumbas constaban básicamente de una cámara con una altura suficiente para permanecer en pie, a veces precedida por una antecámara. En la época del Nuevo Testamento, las banquetas primitivas habían sido reemplazadas por nichos cavados en la roca (arcosolia), donde el cadáver era acostado con su eje corporal paralelo a la pared. Para los cadáveres depositados en sepulcros de piedra (y no sepultados en la tierra) se había generalizado en la época la práctica del enterramiento secundario[xiii]. Transcurrido un tiempo suficiente para la descomposición del cadáver, los huesos eran transferidos a un osario, y los osarios eran colocados en cavidades en forma de horno, cavadas generalmente al ras del suelo, llamadas en hebreo koj (plural kojim)[xiv] que se cerraban con piedras. Esta práctica permitía hacer lugar para los nuevos difuntos, de modo que en una tumba dada podían coexistir los restos de muchos miembros de una familia, acumulados a lo largo de varias generaciones. Las tumbas solían tener una sola entrada, cuya escasa altura obligaba a agacharse para atravesarla. Se cerraban con una piedra que se deslizaba sobre la entrada. En sepulcros muy costosos, se empleaba en una piedra en forma de cilindro aplanado, con una guía que permitía hacerla rodar para cerrar o abrir la entrada[xv]. Resumen de los datos bíblicos sobre la muerte y resurrección de Jesús Los cuatro Evangelios canónicos narran la muerte y la resurrección de Jesús[xvi]. Aunque difieren en algunos detalles[xvii], todos coinciden en Jesús fue crucificado y murió hacia el fin de la víspera de un sábado solemne, que José de Arimatea solicitó a Poncio Pilato el cadáver de Jesús, que lo envolvió en un sudario de lino, y que lo colocó en una tumba de su propiedad. Mateo, Lucas y Juan dicen que la tumba era nueva, y Mateo, Marcos y Lucas notan que estaba cavada en la roca. Juan explica que se lo sepultó allí porque la tumba era cercana al sitio de la crucifixión. Según todos los evangelistas, la tumba fue cerrada con una piedra. Mateo menciona que, a instancia de los líderes judíos, se colocó una guardia en la tumba y la piedra fue sellada. Lucas afirma explícitamente que los discípulos guardaron el sábado, y los otros tres dan a entender lo mismo. Los cuatro expresan que la siguiente visita a la tumba fue la de María Magdalena en el primer día de la semana (Mateo, Marcos y Lucas mencionan además otras mujeres). Todos dicen que la tumba estaba abierta y vacía. Excepto el Evangelio de Marcos, cuyos manuscritos más confiables terminan en 16:9[xviii], mencionan apariciones posteriores de Jesús resucitado, lo cual es también expresado en otros pasajes fuera de los Evangelios[xix]. El Apóstol Pablo explicó la importancia fundamental de la resurrección de Jesucristo: Y si no hay resurrección de muertos, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado; y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe. Aún más, somos hallados testigos falsos de Dios, porque hemos testificado contra Dios que Él resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Pues si los muertos no resucitan, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado; y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es falsa; todavía estáis en vuestros pecados. Entonces también los que han dormido en Cristo han perecido. Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima. Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron. Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos[xx]. La resurrección física de Jesús es mencionada en muchos otros pasajes del Nuevo Testamento y formó parte del mensaje de la Iglesia apostólica desde el comienzo[xxi]. No obstante, ahora Jacobovici y sus colaboradores afirman tener pruebas de que Jesucristo no resucitó de entre los muertos, después de todo. |




