El sepulcro olvidado de Jesús (II Parte) |
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Antecedentes de “El sepulcro olvidado” Talpiot (Talpiyot) es un suburbio de Jerusalén, ubicado al sur de la ciudad vieja, en la dirección de Belén, donde se habían hallado tumbas. Una de ellas fue explorada en 1945 por Eleazar Sukenik[xxii], un profesor de la Universidad Hebrea en Jerusalén quien pocos años más tarde tuvo el privilegio de ser el primer arqueólogo judío que tomó contacto con los rollos del Mar Muerto[xxiii]. En Talpiot también se halló fortuitamente, en 1980, otra tumba durante los trabajos para la construcción de un nuevo vecindario. El sepulcro fue explorado por el inspector de antigüedades Yosef Gat, los arqueólogos Eliot Braun y Amos Kloner. Shimon Gibson realizó un croquis de la tumba. Según el informe publicado por Kloner[xxiv], la tumba tenía un patio de 4.2 m de ancho y una antecámara de 2 x 2.4 m, cuyo techo fue casi totalmente destruido por las topadoras. La fachada de la cámara mortuoria se hallaba en la pared norte de la antecámara y estaba decorada con una cornisa en forma de V invertida por encima de un círculo y una roseta incompleta. La entrada medía 43 cm x 47 cm y tenía una pestaña donde encajaría una piedra cuadrada a modo de cierre (golal), que no pudo hallarse. La cámara medía 2.3 x 2.3 m y tenía una altura apenas mayor de 1.5 m. Había dos nichos (arcosolia), uno en la pared occidental y otro en la pared opuesta a la entrada. Estaban vacíos, excepto por fragmentos de huesos. En el piso se hallaron tres calaveras, vértebras y fragmentos óseos. Había seis kojim sin sus tapas, dos en cada una de las paredes excepto la de la entrada. En ellos se encontraron diez osarios. La mitad de ellos estaban decorados y la mitad eran lisos, lo cual es una proporción típica. En cambio, el grupo de osarios estaba por encima del promedio en la proporción de los que tenían inscripciones (seis de los diez = 60 %) y en que cinco de las seis inscripciones estaban en hebreo y una en griego, cuando la proporción general es cuatro en hebreo cada tres en griego[xxv]. Nueve de los osarios fueron descritos en 1994 por L.Y. Rahmani en su catálogo de osarios hallados en Israel[xxvi]. En lo que sigue se empleará la numeración según el sitio del hallazgo de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA, Israel Antiquities Authority), según la cual los osarios llevan los códigos IAA 80-500 a 80-509. IAA 80-500 está decorado con rosetas y guardas. Es el único con una inscripción en griego, la cual dice: “Mariamênou(ê)Mara”[xxvii]. La inscripción se traduce como “Mariamene, quien es (también llamada) Mara”. Tanto Rahmani como Kloner coinciden en que se trata de dos nombres propios: El primero un diminutivo de Mariamne (variante de Miriam/María), y el segundo una contracción del nombre Marta. Ambos eran muy comunes en la época. IAA 80-501 también está decorado y tiene una clara inscripción en hebreo que dice Yehuda bar Yeshua, es decir “Judas hijo de Jesús”. Kloner notó que Judas y Jesús estaban entre los nombres más comunes del período. IAA 80-502 es liso, pero tiene inscripciones por fuera y por dentro que dicen, respectivamente, Matya y Mat a (aquí la letra yod no es legible). En ambos casos, se trata de una contracción de Matityahu o Mateo. IAA 80-503 también carece de decoración, pero tiene una marca en forma de X y la inscripción que originó todo el asunto que nos ocupa. De manera muy descuidada, dice aparentemente: Yeshua bar Yosef, o sea “Jesús hijo de José”. La tosquedad de la inscripción está en contraste con la claridad de las inscripciones de los restantes osarios. Tanto Rahmani como Kloner subrayan que el nombre “Jesús” es difícil de leer, y se inclinan por esta lectura debido al osario 80-501, que sí dice claramente “Judas hijo de Jesús”. Si se trata de una tumba familiar y hay un “hijo de Jesús” cabe esperar encontrar también al padre allí. Si la lectura es correcta, este sería el segundo osario con la inscripción “Jesús hijo de José” que se encuentra en el área[xxviii]. Otro fue hallado por el profesor Sukenik en 1926, y en él se lee claramente “Jesús hijo de José”[xxix]. IAA 80-504 es un osario liso con la inscripción Yosé, forma breve de Yehosef o José. Como los anteriores, era un nombre común en ese tiempo, el segundo en frecuencia luego de Shimon (Simón). IAA 80-505 es liso y lleva la inscripción Marya, variante de Miriam/María. De los osarios restantes, IAA 80-506, 507 y 508 están decorados pero carecen de inscripciones, mientras que IAA 80-509 no tiene decoración ni inscripciones. Kloner concluyó que la tumba debía datarse en la época del segundo templo, y que probablemente había sido empleado por tres o cuatro generaciones[xxx]. Ni Rahmani ni Kloner parecen haber considerado que hubiera nada extraordinario en este conjunto de osarios. No obstante, los osarios fueron presentados a la opinión pública en 1996 por un equipo de la BBC que estaba filmando un documental para la siguiente Pascua, y que estaba informado – por el catálogo de Rahmani – de la existencia de dos osarios con la inscripción “Jesús hijo de José”. El documental resultante, con el título The body in question (“El cuerpo en cuestión”) fue anunciado en la víspera de la Pascua por artículos bastante sensacionalistas, pero el conjunto de los expertos desechó de plano la hipótesis de que la tumba de Talpiot haya albergado los restos de Jesús de Nazaret[xxxi]. Como último antecedente de interés – cuya importancia se evidenciará luego – está la descripción de un osario, hallado en algún lugar de Palestina, que lleva la inscripción “Jacobo hijo de José, hermano de Jesús”. El descubrimiento se publicó en 2002, no en una revista especializada, sino en un periódico de divulgación arqueológica. Aunque algunos expertos lo creyeron una evidencia arqueológica importante, un examen más detallado por especialistas llevó a la conclusión de que, si bien el osario era genuino, la inscripción era fraguada[xxxii]. El propietario del osario, un traficante de antigüedades llamado Oded Golan, se encuentra actualmente procesado por fraude. Teniendo en cuenta los hechos citados, cabe preguntarse qué aporta el documental “El sepulcro olvidado de Jesús” que pueda tornar más creíble la hipótesis. Las contribuciones de Jacobovici y colaboradores El libro de Jacobovici y Pellegrino está repleto de especulaciones infundadas, empleo selectivo de las fuentes históricas, insinuaciones acerca de la motivación de los arqueólogos israelíes y del Estado de Israel para no dar desmedida importancia al hallazgo, y cuestiones anecdóticas que en modo alguno constituyen un argumento. Por ejemplo, Jacobovici nota que la tumba tiene una fachada “muy extraña” (weird)[xxxiii], pero en realidad la decoración de las fachadas no tiene nada de extraño y era común que los sepulcros de la época tuvieran fachadas ornamentadas[xxxiv]. Igualmente, Jacobovici quiere hallar un significado oculto en las calaveras que se hallaron en el piso, a las que imagina “cuidadosamente colocadas – casi como guardianes”[xxxv]. No hay nada que sugiera tal cosa. Las calaveras pueden haber ocupado alguna vez los nichos o los osarios y haber sido dejadas en el piso cuando el sepulcro fue violado en tiempos antiguos. Los autores se esfuerzan una y otra vez por inculcar la idea de que los cristianos podrían aún creer en la resurrección, en un sentido espiritual, incluso si se hallaran los restos de Jesús, y hasta citan con aprobación las opiniones en este sentido de un fraile consultado al respecto[xxxvi]. Puede que algunos cristianos modernos admitan semejante cosa. Pero hubiera sido disparatado para los judíos que eran discípulos de Jesús, como observa E. Earle Ellis: Es muy improbable que los primeros cristianos palestinos pudieran concebir alguna distinción entre una resurrección y una resurrección física “vaciadora de la tumba”. Para ellos, una anastasis [resurrección] sin una tumba vacía hubiera tenido más o menos el mismo significado que un círculo cuadrado[xxxvii]. Jacobovici y Pellegrino también describen el hallazgo de una segunda tumba bajo un patio, que fue explorada con cámaras robóticas, y la localización de la tumba de donde provinieron los osarios, que el equipo de Jacobovici logró desenterrar e inspeccionar. El cambio más importante fue que la tumba había sido empleada, luego de su exploración inicial y el retiro de los osarios en 1980, como depósito (genizah) de copias usadas de libros de la Biblia hebrea[xxxviii]. Esto introdujo una incalculable contaminación del ambiente original del sepulcro. El conjunto de las exploraciones no aportó realmente datos nuevos relevantes para la hipótesis de que esa fuese la tumba de la familia de Jesús. Entonces, ¿qué hay de sustancialmente nuevo bajo el sol? Poco, muy poco, como se verá. |