Nada nuevo bajo el sol - Familia - |
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En unas encuestas realizadas hace unos meses la Familia era la institución más valorada por los españoles. Esto, dicho así, debería llevarnos a un estado de felicidad y satisfacción realmente notables. Pero nada más lejos de la realidad. En pocos períodos de la Historia la familia ha estado tan atacada, disminuída, desacreditada, tenida en poco y cuestionada como en la actualidad. Sorprende la respuesta de las encuestas y el rosario de noticias que a diario nos hablan del aumento monstruoso de los maltratos domésticos, no sólo referidos a la mujer con el espectacular aumento de asesinatos, sino con el de abusos y maltratos a menores y ancianos. Y si alguien pensaba que el divorcio y las separaciones arreglaban algo......, pues ¡qué decepción!, porque aumentar, aumentan, vaya que si aumentan, pero no se ve que impidan los luctuosos sucesos que a diario se producen.... Bien es cierto que no siempre se ha tenido el mismo concepto de familia que el que ahora se tiene, me refiero a nuestro entorno social. Parece ser que ahora se puede llamar familia a cualquier cosa, las hay con un solo progenitor, con ninguno, de hecho, uniones homosexuales, con fecha de caducidad, con o sin compromisos.... Aunque en honor a la verdad, a lo largo de la Historia, las distintas civilizaciones que la han poblado, independientemente de sus creencias y prácticas religiosas o de sus diferencias culturales, siempre han coincidido en llamar familia a la unión de un hombre y una mujer con el propósito de procrear y educar hijos. Y es que la familia es el germen de cualquier civilización, de toda sociedad, de cualquier estado. En la medida en que se ataca, debilita, o se priva de importancia a la familia, se hace con la sociedad a la que sustenta. ¿Qué tipo de familia había en otros tiempos?. Pues por no irnos demasiados lejos de nuestra tradición cultural, acerquémonos a griegos y romanos. En la civilización micénica, la de los aqueos, según Homero, la esposa aportaba al matrimonio una esclava que pasaba a ser concubina del marido en caso de esterilidad de la "legítima". La mujer siempre depende del marido y cuando éste muere, el hijo mayor puede disponer de ella, venderla o devolverla a su antigua casa. Las mujeres casadas no podían asistir a los Juegos Olímpicos, y no porque los atletas se exhibiesen completamente desnudos (las chicas solteras si los presenciaban), sino porque resultaban fiestas populares que acababan el juergas desenfrenadas. Por si fuera poco, los juegos pasaban por Corinto, la ciudad de los placeres extraconyugales. En cambio no se veía mal que las mujeres casadas echasen un vistazo al carnaval de Dionisos, centrado en el culto fálico; y llegando septiembre hombres y mujeres acudían a los misterios de Eleusis, que tras los diversos ritos acababan en noches orgiásticas de danzas y diversiones. Caso aparte era el de Esparta, donde a partir de los 7 años los niños eran educados por el Estado en una vida dura de penurias físicas constantes a fin de hacer de ellos hombres fuertes y disciplinados preparados para la guerra. Entre los 20 y los 30 años, los hombres permanecían en el ejército, viviendo en cuarteles o campamentos, lo que no impedía que formasen familia. Familia que era dirigida por la mujer, lo que les daba un importante papel social. Muchos relatos de los historiadores insisten en el carácter sagrado de la familia en Roma. El padre tiene en sus manos toda la autoridad y durante su vida entera conserva sobre sus hijos el derecho de vida y de muerte. Puede, según su voluntad, repudiar a su mujer, e incluso después del veredicto de un tribunal familiar, hacerla matar. Absuelto por los jueces públicos, todo joven debe contar también con la sentencia de su propio padre, que a veces es más severa. En la práctica la disciplina familiar se limita a vigilar la deferencia de los jóvenes hacia sus mayores. Las muestras de respeto son abundantes, así en el Senado, se observa una estricta prelación en las edades, tanto que a veces Roma parece una gerontocracia. La mujer siempre está subordinada al varón. De la potestad del padre pasa a la del marido y si queda viuda a la de su hijo mayor. Considerada por la Ley como un ser menor durante toda su existencia debe vivir una vida de abnegación, obediencia y trabajo. Aunque la "Domina" (señora) no se ocupa de las tareas serviles, para eso están las esclavas, de las que Roma (gracias a sus campañas militares) están bien surtida. El ama de casa hila y teje, quizás en memoria de las mujeres "sabinas", raptadas por los romanos para perpetuar su ciudad. Realmente, las costumbres se imponen sobre la frialdad de la Ley y, así, podemos ver a la madre de familia, respetada y temida, reinando sobre sirvientas, hijas y nueras. Posee prerrogativas religiosas, dirige con toda independencia la educación de sus hijos pequeños, mientras su marido la escucha con gusto haciéndose eco de sus sueños, intuiciones y presagios que ejercen una poderosa influencia en estos hombres supersticiosos. En algunas épocas del año, se reúnen en la casa del Gran Pontífice y allí, lejos de cualquier mirada masculina, celebran los misterios de la Buena Diosa, ritos secretos cuya celebración continuada son esenciales para el bien de la ciudad. Para los romanos el mayor crimen que podía cometer una mujer era el adulterio y lo castigaban con la muerte. La falta de la mujer no era de carácter moral, ya que los hombres podían sin ningún tipo de vergüenza buscar la compañía de otras mujeres de baja condición, sino de orden religioso, ya que el adulterio es un engaño a los dioses domésticos. Los hijos de semejante unión serían extranjeros introducidos fraudulentamente en una comunidad religiosa en la que no tienen derecho a participar. Es un crimen contra el orden social, que hace peligrar la existencia misma de la ciudad, porque la separa de sus dioses y falsifica la práctica normal de la religión. Las mujeres no incluidas en un círculo religioso, esclavas o libres que no estén casadas, pueden disponer libremente de sí mismas, nadie se lo reprochará. Pero las matronas, las hijas de las "gentes", no pueden hacerlo. Cuando una mujer estaba en edad de casarse eran los padres los que tomaban la decisión. Al principio el matrimonio legal, entendiéndolo como vínculo jurídico, con obligaciones y derechos, era exclusivo de los patricios. Los plebeyos consiguieron este derecho cuando fueron autorizados los matrimonios mixtos entre patricios y plebeyos por la "Lex Canuleia" en el año 445 a.C. En la práctica la mujer pasaba de la autoridad del padre a la autoridad del marido. Teóricamente el hombre podía casarse a los 14 años y la mujer a los 12, pero lo normal era hacerlo a edad más avanzada. Como toda sociedad de origen ario, la sociedad romana cimentó toda su fuerza interna en el desarrollo y propagaciónde la estripe a través de la Familia. No se dejaban los nacimientos o las relaciones entre cónyuges al azar, sino que todas las personas que integraban la comunidad cívica de Roma tenían, por ello mismo, una serie de obligaciones y deberes morales para con sus ancestros y con sus descendientes, y de ello se derivaban toda clase de consecuencias jurídicas y políticas. Todo eso estaba en el origen de nuestras familias, ¿hemos mejorado?. |



