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El sepulcro olvidado de Jesús (VI Parte)


Abuso de la estadística

No soy un profesional de la estadística, pero he tomado y dictado cursos de grado y postgrado sobre el tema, y he realizado personalmente el análisis estadístico de todos los trabajos científicos en los que he participado[cxxviii]. Por esta razón, luego de ver los resultados presentados por Jacobovici y Pellegrino, vino a mi mente una cita atribuida a William W. Watt: “No ponga su fe en lo que dicen las estadísticas antes de haber considerado cuidadosamente lo que no dicen”[cxxix].

Como se dijo antes, los autores estimaron “conservadoramente” que la probabilidad estadística de que la tumba de Talpiot perteneciera a Jesús y su familia era de 600 a 1. El cálculo fue realizado por el especialista Andrey Feuerverger, de modo que difícilmente podría haber errores en las cuentas. El problema, muy real por cierto, radica en las presuposiciones empleadas para obtener los números. A todas luces, el estadístico se limitó a hacer su trabajo sobre la base del material que se le proporcionó[cxxx].

Básicamente, Feuerverger computó, a partir de un catálogo de 2509 nombres judíos de Palestina de principios de la presente era, la probabilidad de que la precisa combinación de nombres hallada en la tumba de Talpiot se hallase en una tumba del período. En la cuenta se incluyó dos veces la probabilidad del nombre “José” por considerarse que la variante Yosé representaba un nombre diferente. No obstante, si los osarios son de diferentes generaciones, bien puede ser que el nombre de la misma persona (el José padre del Jesús de Talpiot) se haya escrito con otra ortografía. Esto aumentaría 20 veces la probabilidad de hallar una tumba con ese grupo de nombres.

Otra suposición muy discutible es que Feuerverger, creyendo que Mariamene representaba a María Magdalena (lo que como vimos es falso), lo computó como un nombre singular con bajísima probabilidad (1 en 160). Si se considera que se trata de una simple variante de uno de los nombres femeninos hebreos más comunes en la época, la probabilidad aumenta 40 veces[cxxxi]. Además, el nombre Matya fue excluido del cálculo porque no se lo menciona “explicativamente” en los Evangelios. Es interesante que nombres que no figuran en la familia de Jesús se traten como neutros, y no como evidencia en contra. Del mismo modo, la ausencia de otros nombres de familiares de Jesús que deberían estar allí si la hipótesis fuera cierta, concretamente Jacobo y Simón, tampoco motivó ninguna corrección[cxxxii].

Otro problema metodológico muy serio es que el conjunto de nombres a evaluar estadísticamente fue delimitado post hoc (después del hallazgo) mientras que el análisis parece no presumir la existencia previa de esa combinación precisa. Esto significa que la muestra fue tratada estadísticamente como la única combinación de nombres que indicaría que esa era la tumba de Jesús[cxxxiii]. Esto es incorrecto, porque existen muchas otras posibles combinaciones que podrían sugerir lo mismo.

Además, esta tumba en particular es atípica por la alta proporción de osarios con inscripciones. Del total de osarios hallados (catálogo de Rahmani) sólo uno de cada cuatro (25 %) tiene inscripciones, pero en la tumba de Talpiot 60 % de los osarios la tienen. La diferente proporción es estadísticamente significativa[cxxxiv]. El hecho de esta tumba que tenga más nombres que el promedio hace menos probable que se dé esa combinación exacta.

Si no fuera por otros problemas que indico más abajo, lo que en realidad podría mostrar el cálculo sería que la probabilidad de hallar esa precisa combinación de nombres en una tumba cualquiera del área de Jerusalén es de 1 en 600, lo cual es obviamente muy diferente que decir que la probabilidad de que esa no sea la tumba de Jesús y su familia sea de 1 en 600[cxxxv].

Pero los problemas no terminan aquí. El léxico onomástico más completo disponible da una lista de sólo 2509 nombres para los millones que vivieron en Palestina en esa época. La compiladora de ese léxico, Tal Ilan, dijo en una entrevista que los nombres hallados

…están en cada tumba de Jerusalén. Uno puede conseguir toda clase de gente astuta que sabe de estadísticas, que le dirán que la combinación es la cosa única acerca de (esos nombres), y probablemente tengan razón –si uno desea exactamente esa combinación es más difícil de hallar. Pero mi investigación prueba exactamente lo opuesto – esos son los nombres más comunes que uno podría esperar hallar en cualquier parte[cxxxvi].

Stephen Pfann, ya citado a propósito de la inscripción Mariame kai Mara, ha señalado otras serias deficiencias en la evaluación estadística, además de las ya señaladas. En primer lugar, no hay una base de datos adecuada para evaluar la probabilidad, ya que no existen registros genealógicos de las familias hebreas de Palestina (excepto la de Jesús). Incluso el registro basado en los osarios es seguramente muy incompleto, pues muchas tumbas fueron saqueadas antes de ser halladas por los arqueólogos. Según el catálogo de Rahmani, solamente hay 72 nombres hebreos diferentes entre los 286 nombres de personas de los 231 osarios que tienen inscripciones (algunos osarios tienen más de un nombre sea porque contuvieron los huesos de más de una persona o por el uso de la fórmula “Fulano, hijo de Mengano”). Ahora bien, 75 % de las inscripciones corresponden a sólo 16 de los 72 nombres. María, José, Judas, Marta, Jesús y Mateo están entre esos 16. En resumen:

Estos son simplemente los nombres más comunes de la época. ¡La única diferencia es que la tumba de Talpiot tenga tantos nombres preservados entre sus osarios! Si otras tumbas tuvieran tantos osarios inscriptos, el censo de nombres en la mayoría de las otras tumbas sería muy similar. Siendo este el caso, bien podría haber numerosas tumbas que podrían haber reclamado el título de “una tumba de la familia de Jesús”. ¡No obstante en todos lo casos, como en este, no habría ninguna razón poderosa para conectarlas con Jesús de Nazaret![cxxxvii]

La “evidencia” del ADN

En esta etapa del análisis, es evidente que la barroca trama de Jacobovici, Pellegrino y Cameron tiene dificultades insuperables. De todos modos, como en la mentalidad popular actual suele pensarse que los análisis de ADN proporcionan evidencia concluyente (lo cual es cierto en muchos casos), conviene escrutar qué demuestra el análisis de los restos biológicos de los osarios IAA 80-500 e IAA 80-503. Por supuesto, como en el caso de las estadísticas, también debe tenerse en cuenta lo que no demuestra.

Ante todo, es curioso que sólo se hayan cotejado restos de dos osarios cuando el objetivo es estudiar relaciones de consanguinidad. Según Stand to Reason, James Cameron declaró en un programa televisivo que las pruebas de ADN son costosas y sus recursos no son ilimitados[cxxxviii]. Dudo que el costo de los análisis de ADN haya sido la parte más costosa del documental.

De todos modos, lo que el análisis de ADN mitocondrial demostró es que los restos del osario IAA 80-500 (procedentes de una o dos personas) y los del osario IAA 80-503 no estaban relacionados por línea materna. Esto lleva a Jacobovici y Pellegrino a formular la siguiente afirmación:

Olvidándonos por un momento de que hablamos acerca de Jesús de Nazaret, la única razón por la que dos individuos no relacionados, varón y mujer, podrían aparecer juntos en una tumba familiar en la Jerusalén del primer siglo es que fuesen marido y mujer[cxxxix].

La frase comete la falacia lógica denominada “petición de principio” al dar por demostrado precisamente lo que se discute. No está claro que se trate de una tumba familiar solamente porque en ella hubiera osarios con dos inscripciones que sugieren una relación de paternidad. No sabemos si el resto de los osarios contenían personas emparentadas y ni siquiera hay certeza de que el Jesús de Talpiot fuese el padre de Judas de Talpiot, aunque esto parece probable. Considerando que la tumba se empleó durante varias generaciones, podría haber sido, por ejemplo, su bisabuelo o tal vez su nieto, por la paponimia o costumbre de poner al nieto el nombre del abuelo[cxl]. O tal vez, por tratarse de nombres tan comunes, se trataba de personas no emparentadas.

Huelga decir que incluso de tratarse de una tumba familiar es evidente que pensar que el matrimonio no es la única razón imaginable por la que un hombre y una mujer no consanguíneos por parte de madre podrían estar allí. Por ejemplo, podría tratarse de hijos del mismo padre, pero de diferentes madres. O bien Mariame o Marapodrían haber sido las esposas de José, de Matías o de Judas, y hasta sus hijas o nietas. También es posible que Mariame o Mara fueran hijas del Jesús de Talpiot, ya que el ADN mitocondrial solamente se transmite por vía materna.

En resumen, la evidencia no prueba en absoluto que fueran marido y mujer, y, dado que la tumba se empleó por generaciones, ni siquiera que se hayan conocido. Se ha observado que

Tal parece que escogieron comparar las dos muestras de ADN que suponían el menor riesgo para su historia. Si hubieran probado a Jesús y María, su madre, se acabó la historia. Si hubieran probado a Jesús y Judas sin haber apareamiento, se terminó. Jesús y Mara fue la comparación más segura porque un [resultado] negativo deja abierta la posibilidad de que ellos sugiriesen el matrimonio, lo cual es necesario para que la historia funcione[cxli].

Además, dado que, aunque no sea concluyente, es una suposición razonable que el Jesús de Talpiot era el padre de Judas de Talpiot, hubiera sido más reveladora la comparación entre el ADN del osario IAA 80-500 y del IAA 80-501, pues hubiera aclarado si la presunta “María Magdalena” era la madre de Judas o no lo era.

Tal como se diseñó, la evidencia del ADN no aporta nada realmente interesante, y menos todavía ahora que la conexión estilo Código Da Vinci entre Jesús y María Magdalena está descartada.

La “evidencia” de la pátina

Podría llamársela “la evidencia que patina”. Según Jacobovici y Pellegrino se trata de un método de identificación espectrométrica de la suciedad adherida a los osarios para cotejar si dos o más osarios proceden de la misma localización. El método fue diseñado específicamente para verificar si el osario de “Jacobo, hijo de José, hermano de Jesús” estuvo alguna vez en la tumba de Talpiot. Las “patinadas” en este caso, se deben a varias razones[cxlii].

En primer lugar, el método no fue adecuadamente validado, sino que se aplicó como si ya se hubiera demostrado válido de manera independiente. Lo que debió haberse hecho es comparar los espectros de la pátina de osarios (u otros objetos) procedentes de localizaciones conocidas, y verificar la capacidad discriminativa del método.

En segundo lugar, que los osarios procedentes de Talpiot y otros ocho de diferentes ambientes dieran diferentes resultados no es ninguna sorpresa. Lo que se hubiera requerido es demostrar la capacidad del método de resolver el problema inverso, es decir verificar si es posible identificar la procedencia de un osario por el espectro de su pátina.

En tercer lugar, la tierra roja no es exclusiva de Talpiot, sino que puede encontrarse en diversas localidades en torno de Jerusalén[cxliii]. Un examen cuidadoso de los espectrogramas que Jacobovici y Pellegrino presentan en su libro mubestra que, si bien el osario de “Jacobo” se parece más a los de Talpiot que otro de procedencia diferente, por otra parte tiene señales notablemente menores para oxígeno, silicio y aluminio. Además tiene una pequeña señal de cobre que está ausente en los osarios de Talpiot[cxliv].

En cuarto lugar, si algo demuestra claramente la ineficacia del método propuesto es su identificación positiva para un osario (el de “Jacobo”) que, como vimos antes, no es el décimo osario de Talpiot.




 
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