El sepulcro olvidado de Jesús (III Parte) |
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Especulaciones sobre las inscripciones En el segundo capítulo del libro de Jacobovici y Pellegrino se afirma dogmáticamente: Hablando históricamente, la familia más famosa involucrada en el enterramiento secundario y que vivía en Jerusalén en el primer siglo fue la familia de Jesús[xxxix]. Esto parece dar por sentado lo que se pretende demostrar, una falacia lógica técnicamente llamada “petición de principio”. Jacobovici afirma que, cuando se le mostró la inscripción del osario 80-503, “Incluso mi ojo no entrenado pudo fácilmente percibir las letras que se traducen «Jesús, hijo de José»”[xl]. Luego está el osario IAA 80-505, que dice Maria en caracteres hebreos, pero con la forma latina del nombre, que más tarde se arraigó en la tradición cristiana. ¿Podría ser la madre de Jesús? En el osario 80-504 se lee Yosé, que es la forma en que Marcos llama a uno de los hermanos de Jesús en el Nuevo Testamento. El osario IAA 80-502 tiene inscripto Matya, y en la genealogía proporcionada por el Evangelio de Lucas hay varios antepasados de Jesús que llevan ese nombre (Mateo) o variantes[xli]. Sobre los razonamientos esgrimidos, un crítico ha observado agudamente: En este punto uno puede ver que ellos están edificando un caso, paso a paso, con explicaciones a cada paso para que los osarios sean de la familia de Jesús, no de cualquier familia judía común. En cada bifurcación del camino ellos pavimentan una justificación para escoger la rama que mantiene viva la historia; no obstante, nunca hay nada parecido a una prueba concluyente para elegir tal opción[xlii]. No obstante, esto es solamente el principio de los enredos. La trama prosigue con la sugerencia, luego transformada en certeza, de que la “Mariamene, quien es (también llamada) Mara” del osario IAA 80-500 podría ser María Magdalena[xliii]. Pellegrino explica que esta idea fue una “corazonada” que llevó a descubrir que María Magdalena es llamada Mariamne en los Hechos de Felipe, según el Profesor François Bovon[xliv], editor de un manuscrito del siglo XIV de esta obra apócrifa cuyo original es datado en el siglo IV. Según Jacobovici y Pellegrino, el Profesor Bovon les dijo que en esta obra, María Magdalena/Mariamne está al nivel de los apóstoles[xlv]. Además, también identifican a la Magdalena con la María mencionada en los evangelios apócrifos de Tomás y María[xlvi]. El capítulo titulado “Una María llamada Mariamne” concluye como sigue: Los Hechos de Felipe proporcionaron una información muy importante para ser sopesada contra la tumba de Talpiot. Primero, proveyó un nombre para la madre de Jesús: Maria, y uno para María Magdalena: Mariamne; segundo, proveyó un status para Mariamne – ella fue un apóstol, una maestra o, para emplear el arameo, una “Mara”; tercero, ella se movía en círculos griegos; y cuarto, sus huesos fueron enterrados en Israel[xlvii]. La siguiente especulación concierne al osario IA 80-501, que dice “Judas, hijo de Jesús”. Jacobovici lo llama “el osario más explosivo de la tumba”[xlviii]. Esto es, claro, si puede demostrarse que el osario IAA 80-503 tuvo alguna vez los restos de Jesús de Nazaret, y este Judas fuese su hijo biológico. Aquí el argumento se enreda con la hipótesis de Talbot acerca de que Jesús habría querido establecer una dinastía[xlix]. Jacobovici nota que era más probable que los descendientes en línea directa de un rey o un candidato al trono sufrieran persecución por parte de los enemigos de ese rey que los consanguíneos que no se encontraban en línea directa de sucesión. El Evangelio de Marcos nombra a Jacobo, José, Judas y Simón como hermanos de Jesús[l]. Jacobovici dice: En la tradición cristiana, Judas – o Judá – el hermano de Jesús llega a nosotros como San Judas, uno de los Apóstoles. Otro Apóstol llega a nosotros como Judas Tomás Dídimo[li]. Como fuente para esta afirmación cita el Evangelio de Tomás (apócrifo gnóstico) que dice haber sido escrito por “Dídimo Judas Tomás”[lii]. Jacobovici nota correctamente que Dídimo significa “gemelo”, al igual que Tomás (arameo te’oma’ = el gemelo). Para Jacobovici y Pellegrino: El nombre sugiere fuertemente que Judas (el hermano) y Tomás eran de hecho una sola persona. En el Evangelio de Tomás (dicho 11), Jesús le dice a Tomás, “En el día en que eras uno, tú te tornaste dos”. Esto parece ser exactamente lo que le ocurrió a Judas. Él se tornó tanto Judas como Tomás: “Gemelo Judas Gemelo”[liii]. Pero para los autores, este “gemelo” podría ser en realidad un hijo de Jesús, llamado en código “gemelo” para proteger su identidad y así salvaguardar su seguridad. Jacobovici y Pellegrino creen hallar corroboración en la parábola de los viñadores, donde Jesús habla de un hombre que, cansado de que unos contratistas inescrupulosos maltrataran a los siervos que él enviaba, decidió enviar a su propio hijo, pero los contratistas matan al hijo[liv]. Más adelante, afirman que los Evangelios albergan un “profundo secreto” y sugieren que el “hijo de Jesús” podría ser el joven que huyó desnudo en el momento del arresto de Jesús y “discípulo amado” del cual habla el Evangelio de Juan[lv]. En la misma parte, sugieren que las palabras de Cristo desde la cruz a su madre (“¡Mujer, he ahí tu hijo!”) y a su discípulo amado (“¡He ahí tu madre!”)[lvi] se referían a María y su nieto, o tal vez, en clave, a María Magdalena (esposa de Jesús) o al hijo de ambos. Su conclusión, luego de considerar la evidencia que han presentado, es: Había un hijo, y el halló su lugar final de reposo junto a su padre, madre, tío y abuela en una tumba familiar a mitad de camino entre su hogar ancestral de Belén y Jerusalén, donde habían esperado establecer su trono dinástico[lvii]. Evidencia estadística Además de los nombres inscriptos en los osarios considerados individualmente, Jacobovici y Pellegrino se confiesan impresionados por la fuerza del acúmulo de nombres en la tumba. Pellegrino realizó un cálculo preliminar para responder la pregunta: “¿Cuáles son las probabilidades (…) de que la tumba de Talpiot realmente pertenezca a Jesús de Nazaret, y no a algún otro Jesús?”. Se basó en las probabilidades condicionales de la aparición de esos nombres según la frecuencia de ellos entre los varones residentes en Jerusalén en la época de interés. Su resultado fue una probabilidad de 2.5 millones a uno[lviii]. Posteriormente buscaron y obtuvieron una segunda opinión del Profesor Andrey Feuerverger, estadístico de la Universidad de Toronto. Feuerverger llegó inicialmente a una probabilidad similar a la de Pellegrino (2.4 millones a uno), pero luego aplicó ciertos factores de corrección que llevaron la probabilidad a 600 a 1; aunque hay una gran diferencia con el cálculo “crudo” inicial, la probabilidad es aún así muy alta[lix]. Evidencia del análisis de ADN El ácido desoxirribonucleico (ADN) es el medio material en el cual está inscripto el genoma o total de información genética de un individuo. El ADN es una doble hélice formada por dos cadenas complementarias, cada una compuesta por bases llamadas adenina, timina, guanina y citosina. En el núcleo celular, el ADN, asociado con proteínas, forma parte de los cromosomas. En el ser humano hay 22 pares de los llamados autosomas más un par de cromosomas sexuales: XX en una mujer y XY en un varón. La secuencia del genoma humano consta de algo más de 3 mil millones de pares de bases en los 22 cromosomas más los cromosomas X e Y[lx]. Las pequeñas diferencias (0.1 %) que existen entre un genoma y otro permite establecer parentesco entre dos personas, o descartarlo[lxi]. También existe una secuencia corta de ADN, de algo menos de 17 mil pares de bases, en las organelas celulares conocidas como mitocondrias. El ADN mitocondrial se hereda sólo por vía materna, porque las mitocondrias de un individuo provienen exclusivamente de aquellas presentes en el óvulo que fue fecundado. Por esta razón, el análisis del ADN mitocondrial solamente permite establecer consanguinidad por vía materna[lxii]. La mayoría de las células posee un solo núcleo, o unos pocos en células multinucleadas como las del músculo esquelético y ciertas células óseas. En cambio, con excepción de los glóbulos rojos, las células poseen entre 400 y 2000 mitocondrias. Por esta razón, incluso en muestras de restos humanos con un deterioro que imposibilita el análisis del ADN nuclear es posible recuperar suficiente ADN mitocondrial para comparación[lxiii]. Nuevas técnicas permiten realizar un perfil de ADN mitocondrial de manera rápida y confiable[lxiv]. Jacobovici obtuvo muestras de material biológico humano de los osarios IAA 80-500 (Mariamene) e IAA 80-503 (Jesús) y las hizo analizar en un laboratorio especializado sin identificación de los nombres. No fue posible analizar el ADN nuclear, pero el ADN mitocondrial indicó que los restos no pertenecían a personas emparentadas por línea materna[lxv]. Según el libro, el encargado de realizar el análisis habría dicho que eso significa “Que este hombre y esta mujer no comparten la misma madre”[lxvi]. A continuación los autores añaden más especulaciones sobre la base del protagonismo de María Magdalena como testigo de la resurrección, y las palabras del apócrifo evangelio de María: “el Salvador la amó más que al resto de las mujeres … Ciertamente el Salvador la conoce muy bien”[lxvii]. Aquí traen a colación el significado sexual que el verbo “conocer” tiene en algunos pasajes bíblicos. Su conclusión: Como lo decían las inscripciones de los osarios, si Jesús era el hijo de José, y si el más joven Judá era el hijo de Jesús, entonces desde luego (si las mitocondrias de Jesús y Mariamne son guías apropiadas y verdaderas) la madre del joven Judah y la esposa de Jesús no podría haber sido otra que Mariamne … “también conocida como Maestra” … también conocida como María Magdalena[lxviii]. |



